Cuento
del Subcomandante Marcos para los niños y niñas de Guadalupe Tepeyac, Chiapas, México
en el Exilio.
PARTE 7 |
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VII.
La mayoría de los
niños y niñas zapatistas de Guadalupe Tepeyac en el exilio, nacieron y crecieron lejos
de su hogar. En el gobierno mexicano hay ahora otro partido político y estos niños
siguen siendo rehenes (ahora de quienes se autodenominan "promotores del
cambio") para imponernos la rendición. ¿Qué ha cambiado para estos niños? La
historia de su poblado original les parece como de cuento, tan lejos está en tiempo y
espacio que les parece un viaje muy largo volver a él. Complicados y mezquinos cálculos
políticos y una soberbia estúpida son los que los expulsaron de su pueblo y los que se
niegan a devolverles lo que les pertenece.
No sólo en este
pueblo errante, en todas las comunidades zapatistas los niños y niñas crecen y se van
haciendo jóvenes y adultos en medio de una guerra. Pero, contra lo que se pueda pensar,
las enseñanzas que reciben de sus pueblos no son de odio y venganza, mucho menos de
desesperanza y tristeza. No, en las montañas del sureste mexicano los niños crecen
aprendiendo que "esperanza" es una palabra que se pronuncia en colectivo, y
aprenden a vivir la dignidad y el respeto al diferente. Tal vez una de las diferencias de
estos niños con los de otras partes, es que éstos aprenden desde pequeños a ver el
mañana.
Más y más niños
y niñas seguirán naciendo en las montañas del sureste mexicano. Serán zapatistas y,
como tales, no alcanzarán a tener un ángel de la guarda. Nosotros, "pobres
diablos", habremos de cuidarlos hasta que se hagan grandes. Grandes como nosotros,
los zapatistas, los más pequeños...
Desde las
montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Febrero del 2001.
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Introducción
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Parte 2
Parte 3
Parte 4
Parte 5
Parte 6
Parte 7
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