Cuento
del Subcomandante Marcos para los niños y niñas de Guadalupe Tepeyac, Chiapas, México
en el Exilio.
PARTE 4 |
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IV.
Resulta que a
Luzbel le tocó ser jefe de una escuadra de "diablos de la guarda". No sé
cuántas escuadras son necesarias para cuidar a todos los niños zapatistas (que son
bastantes), pero a la de Luzbel le tocó un trabajo infernal, terrífico, diabólico.
Debía de cuidar a: el Beto, el Heriberto, el Ismita, El Andulio, el Nabor, el Pedrito, la
Toñita, la Eva, la Chelita, la Chagüa, la Mariya, la Regina, la Yeniperr, y finalmente,
¡horror de horrores!, al Olivio y al Marcelo.
Cuando le tocó ser
"diablo de la guarda" del Beto, Luzbel se desesperó. Y no fue la agitada vida
de este niño-soldado que desafía con su tiradora, lo mismo un vehículo blindado, tipo
hummer y con lanzagranadas, que un helicóptero "black hawck" de la generación
del TLC. Tampoco su cansado sube y baja de lomas y quebradas, buscando leña para el
fogón de su casa. No, lo que desesperó a Luzbel (y lo hizo pedir su cambio de custodia)
fueron las preguntas del Beto:
"¿Qué tan
lejos queda la gran ciudad? ¿Es mayor que Ocosingo? ¿Cuánto mide el mar? ¿Para qué
sirve tanta agua? ¿Cómo vive la gente que vive en el mar? ¿De qué tamaño es la
tiradora que puede matar un helicóptero? Si el soldado tiene su casa y su familia en otro
lado, ¿por qué viene a quitarnos nuestra casa y a perseguirnos hasta acá? Si el mar es
tan grande como el cielo, ¿por qué no los volteamos para que se ahoguen los
helicópteros y aviones del gobierno?"
Preguntas así
fueron las que motivaron el cambio de trabajo de Luzbel. Pero no le fue mejor, porque
entonces le asignaron cuidar al Heriberto...
- Fue terrible
- confiesa Luzbel - Ese niño odia la escuela como secretario de educación pública, y
a los maestros como líder sindical charro. Prefiere jugar y cazar dulces y chocolates.
¡Vieras cómo hay que correr detrás de él cuando escucha el celofán de un dulce!
Del Heriberto,
Luzbel pasó a cuidar al Ismita.
Me cuenta Luzbel
que un día el Ismita se puso bravo con la Marikerr (así se llama la niña, no me culpen)
porque dijo que lo rompió un gajo de su nance (árbol frutal) del Ismita. ¿Pero cómo
lo va a romper si está muy chiquita y el árbol está muy grande?, le preguntó
Luzbel. "Se colgó y lo rompió el gajo" dijo el Ismita y miró con
reprobación a la Marikerr, que estaba de colada en un asalto infantil a la tienda de
"Aguascalientes". El asalto fue organizado por Luzbel porque, dice él, "los
niños deben prepararse para todo, incluso para ser gobernadores". El Ismita debe
andar por los 10 años, pero la desnutrición crónica le ha regalado la estatura de un
niño de 4. Ismita compensa su carencia de altura física con grandeza moral. No sólo
perdonó a la Marikerr por romperle el gajo a su nance, también le convidó del refresco
y las galletas que obtuvo del asalto a la tienda. "Es que nadie la convida",
le dijo Ismita a Luzbel cuando éste le reclamó.
La generosidad no
provoca la pasión del averno, así que Luzbel se fue a cuidar al Andulio.
Después de mucho
caminar, Luzbel llegó a casa del Andulio, el de la sonrisa que brilla. Al Andulio lo
conocimos nosotros en aquellos días terribles de la persecución de 1995. Mayo era un
caliente aliento quemando días y noches, y el Andulio se amanecía trepado a un árbol,
tratando de imitar a un guajolote con su canto. No muy se acercaba con nosotros, pero una
tarde descubrimos que nos aceptaba cuando pidió una grabadora y, a ritmo de un corrido,
se puso a bailar. La Mar le preguntó entonces, frente a un cartel, dónde estaba el Sup.
El Andulio titubeó y, un segundo después, se volteó y me señaló. El Sup no podía
estar en el cartel y en el quicio de la puerta al mismo tiempo, así que al señalarme de
cuerpo presente, el Andulio reiteraba su materialismo filosófico. Olvidaba decir que
Andulio nació sin manos, una malformación genética le dejó dos muñones al final de
los brazos.
- Ese niño no
tiene manos, pero sí una sonrisa demasiado angelical - dice Luzbel para justificar su
nuevo cambio. Así llegó con el Nabor.
Con Nabor no le fue
mejor. Con 3 años a cuestas, el Nabor tiene una libido que dejaría apenado a Casanova.
Luzbel no hacía más que sonrojarse y de plano se fue a otra comunidad. Así llegó a
Guadalupe Tepeyac en el exilio.
En esta comunidad
tojolabal, desalojada de sus casas por el ejército federal mexicano, le tocó hacerla de
"ángel de la guarda", perdón, de "diablo de la guarda" del Pedrito.
El Pedrito es un niño guadalupano nacido en el exilio. Cuando se inauguraba el Primer
Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, su madre lo trajo
a luz. Con 3 años a cuestas, el Pedrito es su amigo del Lino, otro niño guadalupano.
Lino nació el 9 de febrero de 1995 y tenía apenas unas horas de vidacuando fue expulsado
de su casa por los soldados.
Volviendo al
Pedrito, resulta que no quiere ir a la escuela. Ya lo amenazaron con llevar su caso a la
asamblea de la comunidad y ni así. Yo le advertí que si no iba lo iba a denunciar en un
comunicado dirigido al pueblo de México y a los pueblos y gobiernos del mundo. El Pedrito
sólo me quedó mirando, encogió los hombros y dijo "mándelo usted, al fin que yo
no sé leer". La Mar lo defiende diciendo que apenas tiene 3 años y el Pedrito la
queda viendo y suspira enamorado. Pero ésa es otra historia, ahora estamos con Luzbel
cuidando al Pedrito.
Resulta que al
Pedrito se le ocurrió jugar a los caballos. Suponen bien si es que suponen que a Luzbel
le tocó ser el caballo. Y suponen bien si suponen que Luzbel renunció.
- Es que ese
niño aprieta mucho la cincha-, dijo para justificarse. |
Introducción
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Parte 6
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