Cuento
del Subcomandante Marcos para los niños y niñas de Guadalupe Tepeyac, Chiapas, México
en el Exilio.
INTRODUCCION |
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"Miguel
Kantun, de Lerma, es amigo de Canek. Le escribe
una carta y le manda a su hijo para que haga de él
un hombre.
Canek le contesta diciéndole que hará de su hijo un indio."
"Canek.
Historia y leyenda de un héroe maya".
Ermilo Abreu Gómez.
Este no es un
texto político. Es sobre los niños y niñas zapatistas, sobre los que estuvieron, sobre
los que están y sobre los que vendrán. Es, por tanto, un texto de amor... y de guerra.
Los
niños pueden producir guerras y amores, encuentros y desencuentros. Magos impredecibles e
involuntarios, los niños juegan y van creando el espejo que el mundo de los adultos evita
y aborrece. Tienen el poder de modificar su entorno y convertir, es un ejemplo, una hamaca
vieja y deshilachada en un moderno avión, en un cayuco, en un carro para ir a San
Cristóbal de Las Casas. Un simple garabato, trazado con el lapicero que la Mar les
facilita para estos casos, les da batería para contar una complicada historia donde el
"anoche" abarca horas o meses, y el "al rato" puede querer decir
"el siglo que viene", donde (¿alguien lo duda?) ellos y ellas son héroes y
heroínas. Y lo son, pero no sólo en sus historias ficticias, también y sobre todo en su
ser niños y niñas indígenas en las montañas del sureste mexicano.
9 son los círculos
del infierno de Dante. Nueve las cárceles que encierran a los niños indígenas en
México: hambre, ignorancia, enfermedad, trabajo, maltrato, pobreza, miedo, olvido y
muerte.
En las comunidades
indígenas de Chiapas, la desnutrición infantil llega hasta el 80%, el 72% de los niños
no alcanzan siquiera a terminar el primer año de la primaria escolar, y en todos los
hogares indígenas niños y niñas, desde la 4 años de edad, deben cortar y acarrear
leña para comer. Para romper esos círculos hay que pelear mucho, siempre, incluso desde
niño. Hay que luchar fuerte. A veces hay que hacer una guerra, una guerra contra el
olvido.
He dicho que éste
es un texto sobre los niños y niñas que estuvieron. Como es de caballos y caballeros que
"las damas primero", empezaré por ese recuerdo que aspira a no repetirse.
Se trata de "la
Paticha". Ya antes hablé de ella y, a través de ella, de todos los nonatos del
sótano de México.
Mucho se ha
escrito, para bien o para mal, sobre las causas del alzamiento zapatista. Yo aquí
aprovecho para proponer otro punto de partida: los zapatistas nonatos, es decir, buena
parte de los niños zapatistas. Rara es la familia indígena en México que no cuente 3 ó
4 niños muertos antes de los 5 años. Miles en las montañas del sureste mexicano,
decenas de miles en el desván abandonado por la "modernidad" gobernante: los
pueblos indios, los habitantes originales de estos suelos.
Con menos de 5
años de edad, la Paticha murió de una fiebre. En unas horas, una calentura le quemó los
años y los sueños.
¿Quién fue el
responsable de su muerte? ¿Qué conciencia se fecundó con su desaparición? ¿Qué duda
se resolvió? ¿Qué miedo se derrotó? ¿Qué valentía floreció? ¿Qué mano se armó?
¿Cuántas muertes como la de Paticha hicieron posible la guerra que inició en 1994?
Las preguntas son
importantes, porque la muerte de la Paticha fue una muerte oscura. Ya antes dije que ni
siquiera se tomó como deceso, pues para el Poder nunca nació. Es más, la nonata llamada
Paticha murió en la oscuridad de la noche, en el olvido.
Sin embargo,
oscuridades como la de su muerte son las que iluminaron la mediocre noche de este país,
en 1994... |
Introducción
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4
Parte 5
Parte 6
Parte 7
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